giovedì 15 ottobre 2009

Sotto una piogga di parole.

Vuelven las ráfagas de aire frío que golpean su cara con fuerza. Vuelve el color rosado de su nariz al llegar a casa. Vuelven los gorros y las bufandas de lana de tiempos inmemorables pero que en su armario nunca pasan de moda. Los paseos bajo la lluvia, nunca le gustaron los paraguas. Las tazas de chocolate caliente. Los pies fríos, los calcetines al dormir. El brasero, y las películas de los domingos acurrucada en el sofá. Llenar la bañera hasta que esté a punto de rebosar, y no salirse hasta que sus manos parezcan las de una anciana de cientos y cientos de años.
Paz, aún así realmente vacía. Vuelve la rutina, se quedó por el camino el amor.
Pero el amor sigue allí, dentro de ella. Se acerca a la ventana. Con la taza de él. Le dice hola, comienza a llover.
Buenas noches, seas quien seas. No paro de estornudar, ni de toser. El otoño vuelve a la carga con su incondicional aliada la gripe. Yo, mientras, escribo textos sobre una chica enamorada de un amor que se fue. Después de muchos análisis a mí misma, estudios y experimentos, he llegado a la conclusión de que un día, por alguna extraña razón, me enamoré del Amor.
Quiero que llegue el punto en el que las palabras se confundan con la respiración, me gustaría que esta noche en mi estrecha cama cabiéramos los dos. Que estemos tan pegados que no me parezca incómodo estar cinco minutos seguidos rascándote la espalda. Derecha. Un poquito mas abajo. Arriba. Izquierda. Y una risa que se escapa. Y hasta el sofá mas incómodo del mundo se vuelve especial. Haces que me enamore cada día más del Amor.

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